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En varios artículos he hablado acerca de la inteligencia emocional y su importancia. Todo este mes de octubre he dedicado mis escritos a las mujeres y cómo ha sido para ellas tomar esas posiciones de liderazgo en sociedades con una cultura en la que no está bien establecida la igualdad de género, incluyendo el ámbito laboral. Hemos hablado sobre la relevancia que tendría que una sociedad se una por el bien común, para permitir que más mujeres capaces alcancen estos puestos y cómo la sororidad puede ayudar a que esto se logre.

En este artículo me interesa enfocarme en todas aquellas mujeres que han logrado escalar estos obstáculos y han podido llegar a estas posiciones de alto poder. Esas mujeres que día a día intentan mejorar para crear un ambiente sano a su alrededor y buscan cumplir con los objetivos de las empresas.

Desde hace mucho tiempo se ha estereotipado a las mujeres por considerarlas más emocionales, aunado al tipo de educación de muchos países de América Latina que ha dado pie a que esto continúe vigente. El considerarlas como emocionales implica pensar que pueden llorar más fácilmente e incluso que pueden dejarse llevar ya sea por sus emociones, como la tristeza o el enojo. Es importante no confundir una cosa con la otra, ya que es completamente diferente ser emocional a contar con inteligencia emocional.

Por un lado el ser emocional implica dejarse llevar por las emociones que se sienten en ese momento y reaccionar ante ellas, es decir, cuando se está triste llorar, explotar ante el enojo o sonreír si se está feliz, significa el tener actitudes acordes a la emoción. Sin embargo, esto también indica que podríamos estar a merced de las mismas emociones y podríamos no saber hasta dónde pueden ser capaces de llevarnos.

Por otro lado, la inteligencia emocional es una habilidad que se puede adquirir. La primera parte del proceso es ser capaz de reconocer y estar conscientes de nuestras propias emociones. Ésta es una de las partes más complicadas para todas las personas, no importando si se es emocional o no, pues el hecho de poder mostrar lo que sientes no implica necesariamente estar consciente.

Una de las cosas más importantes es aprender a estabilizar esas emociones. Cuando esto se logra, es posible también compartir, entender e incluso regular las emociones de las personas a tu alrededor. ¿Te imaginas lo maravilloso que sería lograr entender las emociones de las personas que tienes a tu cargo? Imagina simplemente que eres capaz de ayudar a tus colaboradores a regular sus emociones. ¿Qué sucedería? Se crearía un ambiente más tranquilo y agradable en la oficina. Más allá de eso, puedes lograr tener personas que además de ser valiosas por su conocimiento, son imprescindibles por la manera en que se manejan y logran sus objetivos, personas capaces de solicitar lo que necesitan, de discutir tranquilamente si no están de acuerdo con algo y llegar a acuerdos, porque sencillamente, pueden hacerlo. Por último, personas que no abandonan fácilmente sus puestos de trabajo debido a que reconocen el trabajo que se hace por ellos y la importancia de su labor.

Una mujer feliz y relajada con inteligencia emocional

Las mujeres forman ya parte de las posiciones de poder, tanto en cuestiones políticas, sociales y económicas, pero son aún más  importantes por su capacidad de aprender a regular sus emociones y como consecuencia la de sus colaboradores.

Te invito a mi Webinar: Liderazgo con Inteligencia Emocional, que será este 7 de noviembre del 2019.

Entérate de más información en mis redes sociales o escríbeme a: contacto@guidocattaneo.com


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