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La palabra “emociones” nos pone a la defensiva, en particular si somos altos ejecutivos que pensamos que el éxito que logramos se debe a lo que conocemos, a nuestras habilidades duras. Creemos que nuestros conocimientos y experiencias nos hacen expertos, nos convierten en profesionales capaces de solucionar problemas difíciles en situaciones complicadas.

“Saber” y “hacer” son nuestras fortalezas. Nadie nos para. Hacemos cosas, tomamos decisiones continuamente, muchísimas en tiempos cortos y con una seguridad que deslumbra a los demás, que nos ven como especialistas. Nos ganamos su admiración por lo que sabemos y hacemos.

¿Pero qué pasa con liderar?

El título, la posición, los conocimientos, no nos hacen automáticamente líderes. El ser como somos, la forma en como interactuamos con las personas, el respeto que brindamos y nos brindan las personas define si somos líderes o no.

Estas habilidades que tienen más que ver con el ser, son las que reflejan nuestra inteligencia emocional.

Nuestro éxito, nuestro crecimiento, nuestra profesión y nuestro rol en la familia y en la sociedad, depende primeramente de nosotros, de nuestra autoconfianza, de nuestro deseo de autosuperación y, también, de nuestras relaciones interpersonales.

Debemos aspirar a ser líderes de nosotros mismo primero, para después poder ser líderes de otras personas. Este rol se gana, nadie lo otorga, ningún título nos da este gran privilegio y responsabilidad.

El éxito del líder y la inteligencia emocional

Mi éxito profesional lo debo a las personas que han colaborado conmigo. Muchas de las personas que me han acompañado durante mi crecimiento, ahora ocupan posiciones importantes en empresas reconocidas.

Este es uno de los logros que mas satisfacción me genera: haber sido un modelo a seguir, haber transmitido la importancia de cualidades como respeto, ejemplo, confianza, pasión. Estoy convencido que, haber aprendido esto les ha ayudado a crecer y a triunfar. A mí me ha servido.

Muchos estudios certifican que las habilidades de inteligencia emocional contribuyen más del 70% al éxito profesional.

La mayoría de profesionales llegamos a un cierto nivel en nuestra carrera por nuestros conocimientos técnicos, lo que hemos aprendido estudiando y poniéndolo en practica. Pero el verdadero crecimiento, el salto a crecer y ser responsable de un área o de una empresa, donde tenemos la responsabilidad de liderar, se da y se sostiene solo si contamos con habilidades de inteligencia emocional.

¿A quién promocionas en tu empresa?

Cuantas veces somos testigos de promociones, en las empresas a nivel gerencial, de expertos profesionales muy capaces, que fracasan gestionando personas.

Como responsables de esas promociones puede ser que seis meses después de promover a una persona, dudamos de sus capacidades, nos arrepentimos y muchas veces terminamos por prescindir de la persona. El resultado es que perdimos un excelente profesional, no tenemos el gerente que buscábamos, generamos un clima de malestar y los culpables somos nosotros.

Difícil de admitir, pero es la cruda realidad. No fuimos suficientemente diligentes para entender la situación. No evaluamos correctamente a la persona que promovimos, ni consideramos las habilidades necesarias para esta nueva posición. Nos basamos únicamente en las habilidades duras, conocimiento y experiencia, pero no en sus habilidades blandas, ni su inteligencia emocional.

Esto pasa en todas las empresas y mas de una vez, se contratan o se promueven personas sin definir y comparar las habilidades necesarias para el puesto. Algunas se pueden desarrollar en el camino, si hay tiempo y alguien nos guía, otras son parte de lo que la persona debe tener desde un principio.

¿Capacitación en habilidades duras o blandas?

Las habilidades técnicas son necesarias, pero sin habilidades blandas, como una alta inteligencia emocional, los líderes y en consecuencia los resultados de la empresa nunca serán todo lo exitosos que podrían ser.

Lo bueno es que, tal y como sucede con los conocimientos técnicos, la inteligencia emocional, también se puede desarrollar. Invertir en capacitación técnica para los empleados es bueno, pero hacerlo en entrenamiento de habilidades blandas es todavía mejor.

No subestimemos las habilidades de inteligencia emocional. Hace falta seguir desarrollándola. Si hubiésemos alcanzado el nivel máximo de inteligencia emocional no habría tanta rotación, ni insatisfacción en las empresas. Aquí encontrarás programas para desarrollar tu inteligencia emocional y la de los colaboradores de tu empresa.

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